Hoy me he enterado de que un antiguo amigo se ha enfadado indefinidamente conmigo por una conversación que tuvimos en 2019.
La conversación en cuestión tenía que ver con la política: concretamente con las subvenciones al cine español y lo insultante que resulta que haya proyecciones progres centradas en criticar a España. Sigo pensando lo mismo que aquel día, pero reconozco que esa conversación, que él se tomó a lo personal porque critiqué a un buen amigo suyo- sin saber que lo era- actor de los muchos progres que hay en nuestro país, me enseñó algunas cosas del sector del cine que yo desconocía.
Y es que el problema no es discrepar, ni discutir, ni equivocarse, ni pedir disculpas. Todo eso es parte de crecer. Pero para crecer tienes que saber encajar los golpes. Eso es fundamental y tomarse las críticas como algo personal es justo lo que no tienes que hacer.
Me tengo por una persona que siempre ha sido sociable, abierta y entregada a los demás, incluso cuando no soportaba sus ideas. Y lo mejor es que nunca lo hice con hipocresía, sino con alma empática, tratando de entender el punto de vista del otro y llegar a acuerdos comunes si se puede, o al menos resperarnos. Soy una de esas personas que antepone el bienestar colectivo, el bien común, al suyo propio. El deber a la felicidad, el compromiso a las apetencias.
Sin embargo, aún así, pasan estas cosas: siempre habrá gente que tenga sus propios prejuicios y que, por una discusión tonta, que para ti fue impactante en el momento pero no fue nada, te ha retirado el saludo sin decírtelo y diciendoselo a terceros - lo cual es de cobardes-. Esto me hace reafirmarme cada vez más en mis convicciones: si por éstas tengo que perder amigos, que así sea. Si por quemar mi vida al servicio de una gran empresa colectiva como es la Patria, me quedo solo, es que siempre lo estuve. Si por vivir de pie y en guardia me atacan, simplemente ese era mi sino.
En otros años hubiera buscado mil maneras de reconducir la relación perdida. En esta, me limitaré a retomar el contacto con normalidad y a ver si es sincero. No voy a disculparme: ambos lo hicimos en el trasiego de aquella discusión y sería un niño rencoroso (y progre) si aún la recordara.
Y este es un consejo para todos: esforzaos por los demás, por preservar las amistades y que sean una sólida y permanente roca. Pero si el otro la rompe, simplemente mostrad vuestra determinación a la permanencia. Sin rencores pero sin ceder. Sin odio, pero sin chantajes. Perdonando pero sin retroceder. Solo así se puede mantener la amistad junto a la fortaleza de las convicciones. Es el sino de cada uno: Lo demás, es vivir a medias.
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