El lunes llegó en menos que canta un gallo y mi sueño profundo fue interrumpido por la alarma del móvil "Vamos con afán.." sonó con rotundidad. Bajé a desayunar el huevo frito de todas las mañanas acompañado de un café que, curiosamente, me gustó. Llegué a la primera clase introductoria de dos asignaturas y pude ver otro estilo de dar clase: El primero de ellos es un señor jóven, no llegará a los 45 y se queda mirando al horizonte cada poco rato para ver por donde puede ir para explicarnos. Me recuerda al silencio al que recurro antes de perder soberanamente un debate. Explicaba bien pero algo desordenado. La clase terminó y muchos salieron antes de que la siguiente diera comienza. Me levanté de la silla y miré a mi alrededor.
- Baja con nosotras, español. No te quedes ahí sólo.- Dijo una chica rubia.
- Por mí perfecto.- contesté- No sabía si alguien se quedaría. A propósito de la situación me presenté. Estuvieron hablándome de un compañero de mi misma universidad al que conocieron el año pasado y después de lo típico: profesores que merecen la pena allí. asignaturas terribles, cafeterías donde comer dentro de la Uni, etc.
El primer día pasó sin más dilación. Tuve otra clase más de la cual finalmente me quité por la abundante bibliografía en inglés. - "Si leo lento de por sí y encima evalúan lecturas.. pff mi media puede resentirse"- . pensé.- Además, no he venido sólo a estudiar.
No obstante en esa clase conocí a un autóctono muy simpático que me dijo de tomar algo de alcohol después de clase. Me reí y acudí con él a un parque. Por la cantidad de chupas de cuero y pelos largos, me recordó vagamente a ese pozo sin fondo que tanto me gusta: Los bajos. Comencé a charlar con peña y me sentí como en casa mientras bebíamos unos tragos de vino. Le pregunté a uno de ellos que llevaba un cómic que donde había tiendas y me trató de explicar. Bebí con ellos y al cabo de 15 minutos me despedí.
al día siguiente tuve clase de política comparada y allí hablé con tres chicas bastante monas, que estaban detrás de mí en la fila para entrar. Una de ellas se llama Melissa y parecí caerle bien. La pedí el facebook por si cualquier cosa y me fui. La clase no tuvo ningún interés especial.
Llegó finalmente el sábado, día en que habíamos quedado varios de intercambio con Camilo, un chico de acá que nos llevaría a subir la Montaña Montserrat que rodea la capital de Nueva Granada. Había estado ya, pero me subieron en coche, unos conocidos de un pilarista que tenían mi contacto. Pero claro,no es igual. Tras una larga caminata que amenicé hablando de manga con una mexicana que llevaba un sombrero de paja por colgante,
y escuchando Emerald Sword.
Al cabo de 45 min, llegamos a la ermita de arriba. Algunos jadeaban.
-joder, parecía el camino de la serpiente.- dijo otra mexicana.
- Jajaj. al menos ése era recto.- contesté.
Una vez allí comimos una almojabana, un bollo relleno de queso muy rico y barato. Después comimos en un sitio de picar y probé el chorizo y la morcilla de aquí. No voy a decir que estén malos , pero les falta sabor. Debe ser que los cerdos comen frijoles en vez de hierba.
El domingo quedé con Melissa , mi compañera de clase que quedó en llevarme a la zona norte, donde ella vivía. Almorzamos en su casa y me presentó a su abuela. Comimos ajiaco que es una sopa tipica de aquí con trozos de pollo. Estaba rica. En la tarde fuimos a la bolera y concluímos contándonos nuestra vida, (en mi caso, casi con pelos y señales)
Me invitó al transmilenio, el bus que atraviesa la capital y me dijo cual debía coger, mientras ella iba de nuevo a la periferia.
"Es una chica interesante". - Pensé mientras me puse a pensar en curiosidades de los textos de clase. Aquel domingo cené una pequeña empanada y sonreí. Merecía la pena haber ido al Nuevo Mundo.
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